martes, 28 de marzo de 2017

VIGILADA CONSTANTEMENTE

Un día de navidad, después de comer, recibí una llamada del Departamento de Seguridad de Kutxabank. La mujer que llamó me comentó que había una pequeña compra, algo menos de treinta euros, que se salía de mi “perfil de compras”. Le pregunté de que se trataba aquel importe, ella me contestó que estaba a nombre de Facebook1234x, y que desconocía su origen. Durante unos minutos, estuve comprobando en mi perfil de Facebook a ver si mi tarjeta estaba vinculada a esta red social, pero no fue el caso. Entonces, comencé a sospechar que alguien estaba utilizando el nombre de Facebook1234x para “robarme” poco a poco el dinero de mi cuenta bancaria. Por lo tanto, decidí cancelar la tarjeta de crédito por seguridad.

Días después, mi padre, que habitualmente es quien consulta los cuentas de la familia por Internet, me dijo que mi tarjeta no había sido cancelada, puesto que había veinte cargos más por valor de seiscientos euros al mismo nombre, Facebook1234x. En cuanto lo supe me acerqué a la oficina de Kutxabank más cercana para cancelar la tarjeta en persona, para que no hubiera ningún fallo. Para poder denunciar el supuesto robo tuve que ir, primeramente, a la Ertzaintza a notificar la desaparición de aquel dinero,  y seguido, a Kutxabank a rellenar unos cuantos papeles. El banco, tras entregar todo el papeleo y un mes investigando mi caso, me devolvió todo el dinero que faltaba en mi cuenta.

Agradezco el trabajo que cumple el Departamento de Seguridad, pero por otra parte, desde aquella llamada tengo la sensación de que estamos constantemente vigilados y controlados. Es extraño que por un pequeño importe, en un sitio en el que nunca había comprado, sospecharan que yo no lo había realizado. No sé si fue casualidad que en aquel momento alguien de Seguridad estaba consultando mi cuenta o en verdad “saltó la alarma”.


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